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En la cima de la gestión

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La responsabilidad social corporativa se impone en los consejos de administración empresariales, que crean comisiones específicas para integrarla en la estrategia, haciendo a España pionera en este campo

Las noticias empresariales éticamente cuestionables están en la prensa de todo el mundo. No hay sector que escape a esta realidad, arrastrando a empleados, proveedores, inversores o clientes de las compañías protagonistas. “Igual que la bajada de la marea descubre la suciedad del fondo del mar, la crisis económica ha aflorado las malas prácticas de las empresas”, explica Joan Fontrodona, profesor de ética de IESE Business School. Para atacar el problema, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) aconseja en su nuevo Código de Buen Gobierno Corporativo de las Sociedades Cotizadas “llevar los controles de responsabilidad social corporativa (RSC) a los consejos de administración, el máximo órgano de decisión de las empresas”, concreta Fontrodona.

Y así lo están haciendo las grandes compañías cotizadas españolas. El cambio para gestionar los riesgos no financieros desde la cima empresarial es un paso de gigante para cumplir el buen gobierno corporativo. Algunas empresas que encargaron la supervisión de su política de sostenibilidad a las comisiones de auditoría o de nombramientos y retribuciones ahora tendrán una comisión específica dependiente de su máximo órgano de control.

Salto de gigante

“La entrada de la RSC en los consejos de administración de las compañías españolas es pionera en todo el mundo. Es la guinda de la normativa desarrollada en los dos últimos años para asegurar la ética y la transparencia en las organizaciones”, asegura José Luis Blasco, socio responsable de Gobierno, Riesgo y Cumplimiento de KPMG en España.

La inversión ética y la exposición de las empresas en las redes sociales apuntan en la misma dirección. Los inversores institucionales presionan para integrar la RSC en las compañías a fin de evitar pérdidas por escándalos medioambientales o sociales provocados por ellas. El consumidor perdona un producto defectuoso, pero no el que esté hecho por niños, y esas malas prácticas se amplifican con las redes sociales. “La confianza de la sociedad forma parte del capital de las empresas. Desarrollar una política ética y vigilar su cumplimiento debe estar en el máximo nivel ejecutivo de las organizaciones. Si los consejos de administración no lo asumen, los inversores pensarán que las empresas tienen lagunas de cumplimiento”, remacha Blasco.

Enagás reconoce la presión de los inversores institucionales internacionales, muy presentes en su capital, para desarrollar una política de RSC exigente. El consejo de administración del operador gasista recogió estas funciones en 2010 y “enseguida ligamos el cumplimiento de esta política a la retribución variable a largo plazo del equipo directivo. Y lo hemos repetido en nuestro compromiso de reducir un 30% las emisiones de CO2 entre 2016 y 2018 sobre las emisiones de los tres años anteriores”, detalla Rafael Piqueras, secretario general de la Comisión de Nombramientos, Retribuciones y RSC de Enagás.

La normativa desarrollada en los dos últimos años ha servido para asegurar la ética y la transparencia empresarial

Acciona ha dado un paso más allá a través de su Comisión de Sostenibilidad (creada en 2009), ligando “una parte de la retribución variable de toda la plantilla a la consecución de los objetivos de sostenibilidad para eliminar las emisiones en 2020. Ya hemos superado en un 40% el objetivo de reducción de emisiones del plan 2010-2015”, afirma Joaquín Mollinedo, director general de relaciones institucionales de Acciona. La compañía, que ha pasado de ser una constructora contaminante a operar con energías renovables, ha cumplido 10 años en el índice Dow Jones Sustainability (DJSI), el indicador de referencia en materia de buen gobierno de las firmas cotizadas en Bolsa, y acaba de entrar en el DJSI Europe.

Bankia se ha estrenado este año en el DJSI, algo llamativo para un banco que tiene a su anterior consejo de administración y al último de Caja Madrid sentados en el banquillo. “Entrar en el DJSI es el reconocimiento del esfuerzo realizado en los últimos cuatro años para ser una de las empresas de gestión más responsables. Tenemos las mejores prácticas de gobierno corporativo, un Comité de Gestión Responsable, y una Comisión de Gestión Responsable integrada en el consejo de administración, algo muy importante para hacer que las políticas en esta materia calen en la cultura de la organización”, asegura David Menéndez, director de Reputación y RSC de Bankia.

Implicación de altura

Algunas de las mayores compañías españolas cotizadas han creado comisiones específicas de RSC en sus comités ejecutivos. Pero no todas. En Telefónica, por ejemplo, esta labor se asigna a la Comisión de Regulación y Asuntos Institucionales, que se reúne mensualmente para aprobar y seguir el Plan de Negocio Responsable; los consejeros delegados de cada país escuchan la adaptación local de este plan y reciben la aportación del Panel Asesor de Negocio Responsable para alinear las prioridades de la compañía con las preocupaciones de sus grupos de interés.

Algunas de las mayores firmas españolas han ligado sus objetivos de sostenibilidad a la remuneración de las plantillas

“La implicación del consejo de administración facilita la ejecución de los objetivos de la política de sostenibilidad de la empresa. Sin su empuje, no habríamos podido convertir el negocio responsable en una de las banderas del nuevo plan estratégico de Telefónica”, asegura Julio Linares, presidente de la citada Comisión de Regulación, que trabaja cotidianamente con el área que desarrolla la política de RSC de la operadora telefónica.

La entrada de la RSC en el consejo de administración de Endesa ha obtenido resultados en tiempo récord. Se adjudicó al Comité de Auditoría y Cumplimiento en septiembre de 2015 y en un año ha metido “los planes para estar libre de emisiones en 2050, digitalizar la cadena de suministro y mantener la electricidad a los clientes vulnerables en el plan estratégico 2017-2019. La entrada de los objetivos no financieros en el consejo de administración ha sido palanca para que la compañía aumente su preocupación por tener un modelo de negocio sostenible”, explica Maria Malaxechevarría, directora general de Sostenibilidad de Endesa.

Los consejeros también se han hecho verdes. Los planes para reducir emisiones han llegado a los órganos rectores corporativos con la RSC. La comisión encargada de estos asuntos en el consejo de Inditex ha revisado la política de sostenibilidad medioambiental del grupo gallego. El presidente de Iberia, Antonio Vázquez, destaca en la memoria anual de la compañía la política de sostenibilidad para reducir el ruido y las emisiones de los aviones, que es doblemente supervisada por el Comité de Dirección y por la Comisión de Auditoría y Cumplimiento del consejo.

Comisiones o no, las empresas controlan la sostenibilidad de distinta forma. No contento con la Comisión de Supervisión de Riesgo, Regulación y Cumplimiento para velar por la sostenibilidad al más alto nivel, Banco Santander suma un “Comité de Sostenibilidad presidido por el consejero delegado, comités locales de sostenibilidad en cada uno de los países donde está implantado y dos grupos de trabajo en riesgo reputacional y en finanzas climáticas”, desgrana Federico Gómez, director de Sostenibilidad de la entidad financiera. Por el contario, la Comisión de Responsabilidad Social Corporativa de Iberdrola solo tiene funciones informativas y consultivas.

Imagen o convicción

Pero ¿es tan efectivo que la RSC esté sobre la mesa de los consejos de administración? El Centro de Buen Gobierno, una iniciativa de IE Business School y Grant Thornton, ha analizado la responsabilidad social de las 50 mayores empresas cotizadas españolas. “Los consejos de administración de las empresas son muy legalistas, los 50 aprueban la política de RSC, tal y como dice la Ley de Sociedades de Capital, pero solo 15 de ellos recogen una información desarrollada sobre la forma de acometer el trabajo, en el reglamento de las comisiones que se encargan de esta materia, según pide la CNMV. Estas 15 se toman la RSC muy en serio, y algunas superan las recomendaciones del supervisor bursátil. Aunque otras 10 se limitan a indicar una información básica, y el resto no dice nada”, resume Joaquín Garralda, profesor de RSC y Estrategia del IE.

El buen gobierno mejora, pero no llega a la mitad de las 50 primeras compañías las que realmente se lo toman en serio

Poner la responsabilidad social sobre la mesa de los máximos órganos rectores no es el fin. “Las empresas españolas están cada vez más interesadas por su sostenibilidad. Las comisiones de control de RSC son el brazo ejecutor de los consejos de administración en esta materia, se ha avanzado en explicitar lo que debería estar en el ADN de los empresarios”, recuerda Antonio Truán, profesor de Deusto Business School. La ley siempre ha sido un factor educativo importante, y “quedan varios cursos para igualar la legislación estadounidense y la británica, que nos llevan ventaja”, apostilla Truán.

Fuente: http://elpais.com/

Los profesores especializados de las escuelas de negocios acuden a las empresas en socorro de consejeros que no saben qué hacer con las nuevas funciones. ¿Quiénes se han puesto manos a la obra? Los administradores de Abertis, Acciona, Iberdrola y Repsol han creado comisiones específicas de RSC. El Comité de Gestión Responsable de Bankia informa constantemente al consejo de administración, y las comisiones encargadas de RSC en Iberdrola, Telefónica y OHL se reúnen mensualmente. Son indicios.

Fuente: http://elpais.com/

Las empresas se suben al tren de la biodiversidad

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La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible incluye 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) para poner fin a la pobreza, luchar contra las desigualdades y la injusticia y hacer frente al cambio climático. Para su consecución, se ha apelado a la implicación activa de todos los agentes de la sociedad y la importancia de estrechar los lazos entre sector privado y sector público, haciendo un especial énfasis en la corresponsabilidad de las empresas.

Para iniciar a las empresas en la gestión de la biodiversidad (ODS número 15), el Club de Excelencia en Sostenibilidad acaba de publicar, en colaboración con la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, la segunda edición del Informe del Observatorio de Gestión Empresarial de la Biodiversidad.

Compromisos

Según el Pacto por la Biodiversidad, una empresa que se compromete a desarrollar su actividad de manera compatible con la protección y conservación de la biodiversidad debería evaluar el impacto de su actividad sobre la biodiversidad y el capital natural; incluir la protección de la biodiversidad en sus manuales de gestión; definir objetivos realistas y medibles; publicar las actividades y los logros en sus memorias anuales; informar a los proveedores de los objetivos; explorar las posibilidades de coo_peración en este ámbito, y designar en la empresa un interlocutor responsable de la consecución de los objetivos.

El estudio incluye una recopilación de buenas prácticas empresariales en restauración de ecosistemas, investigación, sensibilización y conservación de especies de flora y fauna. Y como novedad presenta una metodología que explica cinco sencillos pasos que una compañía puede dar para iniciarse en la gestión de la biodiversidad. Estos pasos son: situar a la biodiversidad en el contexto empresarial (business case); asegurar el apoyo interno; desarrollar una política; desarrollar una estrategia de biodiversidad corporativa, y definir un plan de acción de biodiversidad estratégico.

En el primer paso, gestionar el capital natural en el mundo empresarial supone realizar una identificación, cuantificación y/o la valoración de las dependencias y de los impactos ambientales de su negocio, para después informar en la toma de decisiones del negocio y en la presentación de informes. Esta aproximación ayuda a la empresa a reconocer el business case, a entender en qué áreas de gestión debe centrar sus esfuerzos para reducir los impactos de su actividad empresarial en la naturaleza, es decir, cómo puede evitarse todo consumo innecesario de recursos naturales o toda afección al medio natural en los procesos de producción. Una vez realizado el business case se podrá entender, explorar y reconocer qué vínculos tiene la empresa con la biodiversidad.

Determinar los impactos

Las empresas cuentan para este paso con la herramienta Biodiversity Check: un check-list que sirve como primer paso para determinar los impactos de los negocios sobre la biodiversidad. Se basa en los objetivos del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas: conservación de biodiversidad; uso sostenible de recursos, y reparto justo y equitativo de los beneficios que emergen del uso de recursos genéticos.

El segundo paso es asegurar el apoyo interno, identificando un defensor de la biodiversidad y contando con el apoyo de los órganos directivos de la empresa, para pasar al tercer nivel: el desarrollo de una política de biodiversidad. Esta deberá ser definida al más alto nivel, con una revisión periódica, conocida y comprendida por la organización, documentada, implantada y actualizada, base para establecer y revisar los objetivos y metas ambientales, con un compromiso de mejora continua y de prevención, accesible al público.

Para el desarrollo de una estrategia de biodiversidad, el cuarto paso, es necesario integrar el concepto de impacto neto positivo en el negocio a través de la jerarquía de mitigación, que se define como evitar, minimizar, restaurar y compensar. La jerarquía de mitigación es una herramienta para alcanzar la no pérdida neta de biodiversidad de una empresa.

Las empresas se suben al tren de la biodiversidad

Finalmente, el plan de acción de biodiversidad estratégico (PABE) es una herramienta corporativa orientada a la conservación y gestión de la biodiversidad y servicios ecosistémicos de forma sistematizada y auditable. Este requiere un enfoque coordinado, que articule objetivos y acciones, así como los medios humanos y económicos disponibles para lograr su consecución, e indicadores para verificar.

Recuperación de praderas de posidonia

El informe del Club de Excelencia en Sostenibilidad recopila ejemplos de buenas prácticas empresariales nacionales e internacionales de protección de la biodiversidad. Uno de ellos es el de Red Eléctrica de España, cuyo proyecto es definir y desarrollar las acciones necesarias para mitigar el impacto sobre praderas de posidonia a causa de la ejecución sobre el lecho marino de las zanjas necesarias para la realización del tendido de cables eléctricos.“En 2012, iniciamos el proyecto de I+D cuyo objetivo era analizar la viabilidad de la restauración de praderas de posidonia degradadas mediante el cultivo de semillas y fragmentos de la planta en un entorno controlado. En el tercer año de evaluación, ya fuimos capaces de asegurar que el proyecto de investigación había resultado un éxito. Inmediatamente vimos la posibilidad de aplicación de esta técnica y decidimos hacerlo lanzando una nueva línea de actuación dentro de nuestra política de sostenibilidad: El bosque marino de Red Eléctrica”, explica Daniel Pérez Varela, director de sostenibilidad e innovación de REE.“La primera actuación que se desarrollará consiste en la recuperación de praderas de posidonia en una superficie de dos hectáreas. Si todo sale como esperamos, lanzaremos la primera restauración de praderas de posidonia en 2017”, continúa.“La Posidonia oceanica se reproduce tanto sexualmente como asexualmente. Por este motivo, usamos en la técnica tanto semillas como fragmentos o esquejes. En ambos casos, nuestro método de recolección no es invasivo sobre la planta”, asegura Pérez Varela. Se recolectan los fragmentos desprendidos tras temporales mediante buzos. Las semillas se recogen en la orilla de las playas que llegan por las corrientes del mar. Posteriormente se cultivan en acuario de agua marina. El equipo básico consta de cinco personas, que aumenta en campaña de plantación y recolección. REE cuenta con la colaboración del Centro de Interpretación del Parque Natural de Cabrera.

Fuente: http://cincodias.com/

Más de 2.600 empresas españolas trabajan en el desarrollo de los ODS

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El próximo 25 de septiembre se celebra el primer aniversario de la aprobación por la ONU de una Agenda con unos nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible, los ODS. En España, las empresas han aprovechado todo el año para pasar a la acción.

Tras unos primeros meses en los que Red Española de Pacto Mundial se ha encargado de ayudar a aterrizar esos Objetivos a la realidad de nuestro país, la implicación empresarial está siendo un éxito. Pacto Mundial habla actualmente de más de 2.600 empresas españolas implicadas directamente en la implantación y desarrollo de los ODS: el 77% de las empresas del IBEX, 1848 pymes y otras organizaciones y entidades.

Para Isabel Garro, directora general de la Red Española del Pacto Mundial, “la empresa tiene un papel fundamental en la implementación y optimización de resultados. Es experta en pasar de las aspiraciones a la realidad. Y por nuestra parte, está la creación y consolidación de espacios público-privados, desde los que trabajar el desarrollo sostenible, que implican Empresas + Naciones Unidas+ Administraciones Públicas + Tercer Sector”.

ODS EN LAS EMPRESAS DEL IBEX

En el caso de las empresas del IBEX, muchas de ellas ya han llevado a cabo iniciativas concretas relacionadas con los ODS. Iberdrola, por ejemplo, con su programa “Electricidad para Todos” se centra en el ODS7 (Energía Asequible y No Contaminante). Por su parte, Ferrovial ha conectado y mejorado la calidad de vida de las personas con sus infraestructuras para el desarrollo sostenible, ODS9 (Industria, Innovación e Infraestructura) y Suez ha reducido más de un 46% sus residuos con su iniciativa de oficina sin papel, (ODS 13 de Acción por el Clima).

PYMES Y ODS

Por su parte, las pymes españolas han aumentado espectacularmente su presencia en el Pacto Mundial, pasando de 666 en 2010 a más de 1.800 en la actualidad. Actualmente, las pequeñas y medianas empresas españolas están centrando sus esfuerzos en la implantación de Códigos éticos y Planes de igualdad o como miembros de la cadena de suministro de las grandes empresas: ODS5 (Igualdad de Género), ODS8 (Trabajo Decente y Crecimiento Económico) y ODS12 (Producción y Consumo Responsables).

En este sentido, Pacto Mundial destaca ejemplos como el de Grupo Gesor apoyando la conciliación con la adaptación de los calendarios laboral y escolar, ODS8 (Trabajo Decente y Crecimiento Económico); Sigre que apuesta por el Ecodiseño, ODS 12 y 13 (Producción y Consumo Responsables y Acción por el Clima); o Ricardo Luz y Asociados que contribuyen a la transparencia y eficacia de las instituciones a través del ODS16 (Paz, Justicia e Instituciones Sólidas).

EL PRIMER ANIVERSARIO DE LOS ODS

El 25 de septiembre se celebra un año de la aprobación de los ODS. Para celebrarlo, Pacto Mundial organizará un evento en Madrid en el que se presentará una guía sobre con pautas para implementar los ODS en la empresa. La jornada, que será abierta, hará hincapié en las alianzas como método de trabajo y la inclusión de los ODS en la estrategia empresarial.
 
Más información sobre el evento, aquí
Fuente: http://www.corresponsables.com/

La transparencia, aspecto clave a mejorar de las empresas de mercados emergentes

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Transparencia Internacional ha publicado un Informe sobre las prácticas informativas de las principales multinacionales de los mercados emergentes. El informe evalúa las prácticas de divulgación de 100 de las principales multinacionales de mercados emergentes con sedes centrales en 15 países y presencia activa en 185
RSE.- La transparencia, aspecto clave a mejorar de las empresas de mercados emergentes

El 75 por ciento de las empresas analizadas en el informe de Transparencia Internacionalobtienen una puntuación de menos de 5 sobre 10 en las evaluaciones de transparencia La gran mayoría de las principales empresas de mercados emergentes no han conseguido resultados aceptables en materia de transparencia, y esto genera un entorno propicio para la corrupción en su actividad y en los lugares donde operan.

Un nuevo informe de Transparency International expone la necesidad urgente de que estasgrandes multinacionales adopten medidas mucho más enérgicas para detener la corrupción. En la última edición de Transparencia de la Información Corporativa: Análisis de Multinacionales de Mercados Emergentes, 100 de las empresas con más rápido crecimiento que tienen sede en 15 mercados emergentes y operan en 185 países de todo el mundo obtuvieron una puntuación promedio de 3,4 sobre un total de 10, donde 0 indica el menor nivel de transparencia y 10 el más alto. La puntuación promedio descendió levemente, en 0,2 puntos, en comparación con la última vez que se llevó a cabo la encuesta, en 2013.

“Los niveles insignificantes de transparencia que muestran las grandes empresas de mercados emergentes siembran dudas sobre cuánto le interesa al sector privado detener la corrupción, frenar la pobreza en los lugares donde desarrollan actividades y reducir la desigualdad. Una y otra vez, somos testigos de escándalos de corrupción de proporciones alarmantes en los cuales se ven implicadas multinacionales como Odebrecht Group o China Communications Construction Company, que causan un inmenso daño a las economías locales. Esto podría haberse prevenido si sus máximos ejecutivos hubieran adoptado medidas adecuadas de transparencia y contra la corrupción, y manifestado una clara voluntad en este sentido. Si bien muchas empresas afirman que desean combatir la corrupción, estos enunciados no son suficientes. Las acciones dicen mucho más que las palabras”, observó José Ugaz, presidente de Transparency International.

Las 75 empresas de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) también tuvieron un desempeño insuficiente, y no lograron superar la puntuación promedio, debido a que los magros resultados de las empresas chinas arrastraron a todo el grupo a una posición inferior. Las empresas de países BRICS generan cerca del 30 por ciento del PBI mundial, y esto las obliga a asumir responsabilidad por su actuación. Y es que la Responsabilidad Social Empresarial/Corporativa (RSE/RSC) no debe aplicarse sólo en los países ricos.

Las empresas chinas, que representan un tercio de las evaluadas, tuvieron el desempeño general más insuficiente, con una puntuación media de 1,6 sobre 10, y tan solo una se posiciona entre las 25 primeras. Estos datos, una vez más, alertan sobre la necesidad de que China y la comunidad empresarial de ese país tomen medidas inmediatas para establecer estándares más ambiciosos. Esto se aplica además a lugares como África, donde el gobierno chino se comprometió poco tiempo atrás a invertir USD 60.000 millones, que probablemente se destinarán a solventar servicios prestados por empresas chinas. 2

Los resultados poco destacados de las compañías chinas se deben a la fragilidad o ausencia de políticas y procedimientos contra la corrupción, o a que estos no se divulgan, lo cual implica una inobservancia manifiesta de las mejores prácticas internacionales. También los aspectos regulatorios son importantes, como se evidencia en el caso de la India. Las empresas de la India consiguen las máximas puntuaciones entre todos los países —del 75 por ciento o superiores— en la dimensión de transparencia organizativa, en gran parte como resultado de la vigencia de la Ley de Sociedades.

En los distintos mercados emergentes, todas las empresas deben intensificar sustancialmente sus acciones para que la información que difunden al público sea exhaustiva y permita abordar la corrupción, y para asegurar la transparencia que es indispensable en una gestión rigurosa y con rendición de cuentas. Los programas contra la corrupción que impiden que una empresa utilice el soborno como herramienta o que prevén mecanismos para la denuncia de actos de corrupción sin temor a represalias deben ser dados a conocer públicamente, a fin de transmitir un claro mensaje a los clientes, el personal y los socios de que la empresa no admite prácticas corruptas.

“Los clientes deberían exigir que las empresas que eligen cumplan con los más altos estándares contra la corrupción o, de lo contrario, se expongan a perderlos como clientes”, manifestó Ugaz. Debe haber listas completas de subsidiarias, filiales, emprendimientos conjuntos y otras entidades que sean de fácil consulta, y que permitan a los actores locales entender cuál es el impacto económico y social de las empresas multinacionales en sus sociedades y comunidades.

A su vez, los gobiernos deberían implementar leyes rigurosas contra el soborno, como la Ley sobre Soborno del Reino Unido (UK Bribery Act), y asegurar la aplicación de sus disposiciones, como sucede en los Estados Unidos, además de establecer normas que exijan que las empresas divulguen las medidas contra la corrupción que adoptan y su estructura societaria

La ética ya cuenta como un activo

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“Toda vida es un proceso de demolición”. En 1936 el escritor F. Scott Fitzgerald iluminó el arranque de su ensayo The Crack-Up con una frase que se pega a la conciencia al igual que una mala acción. El novelista habla en ‘la grieta’ de su propio hundimiento y del colapso de un mundo que terminó con la Gran Depresión de 1929. A España le ocurre lo mismo. Soporta brechas económicas y sociales profundas. El 54% de los ciudadanos reconoce que ha pasado a una clase inferior como consecuencia de la crisis, según los datos de la consultora My World.

Resulta imposible mirar ese abismo sin ver la ética. O su falta. Ya sea en lo individual o lo colectivo. En plena crisis, Friedrich Schneider, profesor de economía de la Universidad Johannes Kepler en Linz (Austria), calculó que la corrupción costaba a España el 1% de su riqueza anual. Unos 10.000 millones de euros. En la última década 100.000 millones se han ido por ese sumidero. La Universidad de Las Palmas estimó esa vergüenza en 50.000 millones, porque además del perjuicio económico sumaba el impacto social y el coste en la reputación de las empresas.

Ahora el Gobierno comunica, una y otra vez, el fin de la crisis. Desde luego no para las 730.000 familias españolas en las que no entra ni un solo ingreso. ¿Entonces? ¿Habrán aprendido la lección las empresas del precio y el coste social que tiene perder la ética? ¿Volverán algunas a las andadas? José Luis Fernández, director de la Cátedra de Ética Económica y Empresarial de la Universidad de Comillas, lleva 27 años vigilando esas preguntas y sus respuestas acumulan escepticismo. “Resulta posible que la situación que hemos visto se vuelva a repetir en lo económico y lo ético. Tengo la sensación de haber visto la misma película tres o cuatro veces ya”, sostiene.

En el fondo pervive algo mucho más profundo que la economía y es cómo una empresa, y su comportamiento, percuten en todos. De ahí que algunas organizaciones hablen de “capitalismo ético” o “capitalismo responsable”. “Si el fin que mueve a la compañía es obtener dinero sobre dinero, caiga quien caiga, esa empresa aporta muy poco a que su gente esté orgullosa de formar parte de la organización”, relata José Luis Fernández. “Porque se trata de vivir una vida que merezca la pena en el futuro. Vivir bien, vivir a gusto y dejar vivir”. Esa mirada humanista resulta inherente a Antonio Garrigues Walker, impulsor del bufete Garrigues. “Hay un cambio radical en la actitud de las empresas en todos los sentidos. Esto es lógico. A nada que desaparece la sensación de impunidad la gente se pone a pensar. Se da cuenta de que el crimen no paga y que la gran mayoría de los corruptos han caído”.

DETECCIÓN DE RIESGOS

Toda esa filosofía surge débil si las empresas no detectan los riesgos que pueden sufrir en su reputación y los ponen término. Porque los peligros son ingentes: fraude, soborno, corrupción, riesgos físicos, informáticos. Pero también “falta de transparencia, desinterés por el cambio climático, ausencia de buen gobierno corporativo, malos servicios posventa e incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace”, desgrana José María Mella, catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Un mecanismo de alarma bien podría ser habilitar en la compañía canales de denuncia.

En este escenario, ¿quién duda de la fragilidad del ethos de una empresa? Hasta ahora el mayor riesgo reputacional en España ha recaído en el sector financiero debido a su peligro de insolvencia. La forma de evitarlo es supervisando entidad por entidad. ¿La manera de sanearlo? “Sustituyendo los antiguos directivos causantes de los problemas por gestores profesionales de contrastada honestidad y competencia”, aconseja Mella.

Joan Fontrodona, profesor del IESE, mezcla la esperanza y la amargura. “Lo positivo es que ha vuelto a aparecer la palabra ética en los papeles”. Las dudas residen en sí “las organizaciones invertirán dinero y ambición en todo esto creando áreas de compliance[encargadas de evitar que la firma inflija la ley y la ética] o, por el contrario, se limitarán a rellenar una casilla en una memoria”, incide el docente. Porque se juegan muchísimo. “La pérdida del componente ético supone para cualquier compañía una condena segura hacia la desaparición”, advierte María Vidal, socio responsable de Ética de la consultora PwC.

Pese a todo, algunos indicios parecen esperanzadores. Después de la tragedia en 2013 del Rana Plaza en Bangladesh —donde murieron 1.200 personas aplastadas tras derrumbarse un edificio que cobijaba talleres que trabajaban para marcas textiles— muchas empresas ha extremado la prudencia. Desde entonces Inditex controla más sus proveedores y en qué condiciones operan. Aunque hay otros cortafuegos. “Las firmas cotizadas cada vez nombran más consejeros independientes, dan mayor peso a los grupos de interés (accionistas, organizaciones no gubernamentales) y aumentan los departamentos de compliance”, narra Jesús Lizcano, presidente de Transparencia Internacional España.

Porque si la reputación de la marca sufre, y mucho, resulta complejo salir del entuerto. “Un buen posicionamiento puede recuperase con un producto o servicio de calidad que entierre al que provocó esa pérdida de imagen”, recomienda Mella. “También sería necesario crear un discurso corporativo para generar una nueva credibilidad en la enseña y la compañía”. Y fracturar, en esa grieta, una paradoja. “El consumidor demanda comportamientos éticos pero también artículos a buen precio”, precisa Oriol Iglesias, profesor de marketing de Esade.

Nadie dijo que los predios de la ética fueran fáciles. “Hay que gestar una sociedad de virtudes cívicas y esto requiere tiempo”, aconseja Garrigues Walker. Aunque quizá todo sería más sencillo si interiorizásemos los versos que John Donne escribió hace cuatro siglos: “Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada ser humano es una pieza del continente, una parte del todo”. Tal vez la ética como la empresa sea eso: pensar en los demás.

Las negras consecuencias de la corrupción

La corrupción lo destroza todo. Lo macro y lo micro. En la gran economía genera inestabilidad y erosiona la seguridad jurídica. Empeora la imagen del país, degrada su confianza, disuade la inversión extranjera y reduce los ingresos públicos al comprometer la capacidad recaudatoria. “Actúa como un impuesto que premia las actividades no productivas (depredadoras y buscadoras de rentas) de los corruptos y castiga los talentos creativos incrementando sus costes”, observa José María Mella, catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid.

En el mundo de todos los días impulsa la evasión fiscal de las empresas, el crecimiento de la economía sumergida y la alteración de la composición del gasto público en perjuicio de actividades socialmente más rentables (educación y sanidad) frente a otras con ganancias rápidas y fáciles vinculadas a grandes operaciones urbanísticas. Todo esto aumenta la desigualdad social.

Fuente: http://economia.elpais.com/

 

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