Curso de verano sobre RSC y creación de valor

FOTO-Universidad de Salamanca

Cartel_finalResumen: La piedra angular de la Responsabilidad Social Corporativa es la Creación de Valor. Sin embargo, tanto los procesos de creación de valor como los resultados de esta creación de valor han sido poco estudiados y son poco conocidos. La Escuela de Salamanca se preguntó sobre el precio justo, sobre el valor de las cosas y sobre los derechos humanos. Temas centrales todos ellos en los procesos de creación de valor a través de la responsabilidad social. Como antesala al VIII Centenario de la Universidad de Salamanca, el presente curso trata de reflexionar con una dimensión práctica sobre estos importantes temas en el amplio tejido empresarial actual, con la finalidad de contribuir a la generación de conocimiento y prácticas relevantes para el progreso y desarrollo sostenible de las empresas y la sociedad.

Director: José Ignacio Galán Zazo

Coordinadores: Santiago López García y Doroteo Martín Jiménez

Información y matrícula:

http://vaporetto.usal.es/preactform/detalleCursocodigo_curso=4154&ano_academico=2017&convocatoria=1

XXV Congreso EBEN Spain 2017

FOTO-Universidad de Castilla la Mancha

Los próximos días 25 y 26 de mayo de 2017 se celebrará en la Facultad de Ciencias Sociales de Cuenca el XXV Congreso EBEN Spain 2017

El XXV Congreso EBEN-España lleva por lema “Ética y Responsabilidad Social en el Corazón de la Empresa: Competitividad Sostenible” y se celebrará en la Universidad de Castilla-La Mancha, en la ciudad de Cuenca, 25 – 26 de mayo de 2017.

En los albores de este nuevo siglo XXI se ha podido apreciar que a pesar de las altas cotas de riqueza y bienestar conseguidas, existen todavía grandes desafíos que enfrentar en términos humanos, sociales y medioambientales. Y es que, un sistema económico y empresarial que no está orientado al servicio de las personas, devora la dignidad humana, y acaba generando problemas de naturaleza social (desigualdades sociales, marginación social) y medioambiental (calentamiento global, contaminación medioambiental). Cuando los agentes del sistema se preocupan más de apropiarse del valor que de cómo éste puede ser generado, no es extraño que la ética y la responsabilidad hacia otros agentes, presentes y futuros, quede ausente de la toma de decisiones y así, ya sea activa ya sea pasivamente, la dignidad humana de todos los agentes intervinientes quede seriamente dañada. De ahí la necesidad de sostenerse por una ética de máximos en el gobierno y dirección de la empresa. Ésta, no sólo permite a la empresa ser fiel a su misión fundacional de servir a la sociedad, sino lograr escenarios donde todos ganan, y donde el valor económico generado, que responde a desafíos y necesidades sociales presentes y futuras, se comparte y supone palanca de competitividad empresarial (Porter y Kramer, 2002, 2006, 2011).

Es verdad que esta perspectiva convive con voces críticas sobre el verdadero uso e intención de la RSE (Fooks et al. 2013, Chen et al. 2008, Cilliberti et al. 2008, Crane et al. 2014), sobre las verdaderas bondades de la práctica de este enfoque en la sociedad (Fooks et al. 2013, Heath y Norman 2004, Reich 2007, Crane et al. 2014), sobre los posibles beneficios obtenidos a nivel empresarial derivados de una atención exclusiva a este enfoque (Friedman, 1970, Heath 2006, Husted y de Jesús Salazar 2006) y sobre la razón de porqué adoptar una posición ética más allá de la del sistema político (Scherer y Palazzo 2007) o las reglas del juego existentes (Heath 2006). De hecho, algunas voces argumentan que las tensiones existentes entre objetivos económicos y sociales, y entre intereses provenientes de distintos stakeholders, hace de esta perspectiva una de difícil implementación, generadora de ineficiencias tanto sociales como económicas (Heath y Norman 2004, Crane et al. 2014). Además, los anhelados beneficios económicos que se esperan por centrarse en políticas de responsabilidad social y sostenibilidad (García Castro et al. 2010, Surroca et al. 2010), pueden llegar a depender de muchos otros factores (Barnett 2007). Sin embargo, pese a las discrepancias producidas durante décadas sobre el tema, estudios recientes demuestran el valor social, medioambiental y económico generado (Shahzad y Sharfman 2015) en línea con un consenso cada vez más generalizado sobre la necesidad de guiarse por criterios éticos, de responsabilidad y sostenibilidad, que todavía necesita de nuestros esfuerzos por analizar, clarificar, defender e incentivar profusamente.

En efecto, los crecientes problemas sociales y medioambientales que surgen cada vez con más fuerza, y la consiguiente adaptación necesaria a los mismos para mantener viva la misión fundacional de la empresa, abre las puertas a la necesidad de una nueva configuración empresarial donde las necesidades sociales, humanas (como por ejemplo, necesidades de personas desfavorecidas) y medioambientales (necesidades de reducción de la contaminación) no pueden quedar excluidas del normal desarrollo de la actividad empresarial. De hecho, las voces que apoyan que la ética y la RSE, a través de integrar bienes morales como el servicio a la sociedad, son conceptos estrechamente ligados a la innovación, productividad, creatividad y reputación empresarial, se extienden cada vez con mayor fuerza. De hecho, cuando la ética se emplea en la empresa para mejorar y transformar las acciones, el carácter y, en definitiva, la vida de las personas de la organización, es de esperar que se logren de ellas cotas mucho más altas de motivación y compromiso no sólo con la empresa sino con la sociedad, lo que supone un elemento claramente enriquecedor a nivel empresarial, social y medioambiental.

Así, en la actualidad, nos encontremos ante un cambio de enfoque muy alejado de aquel que ha dominado hasta el momento fundado en la noción de que la ética y la RSE son instrumentos (imagen y marketing corporativo) para lograr optimizar sus resultados, y satisfacer las necesidades de sus stakeholders, principalmente, el accionista. El nuevo enfoque que aflora, más que concebir la ética y la RSE como herramientas útiles para encontrar un equilibrio entre las necesidades de la competitividad y los intereses de los stakeholders entiende estos elementos como una forma de praxis que integra objetivos, procedimientos y resultados sociales, humanos y ambientales en el corazón mismo de la empresa. Este nuevo enfoque lleva adherido desarrollar la acción humana en el seno de la empresa dando respuesta a los nuevos retos sociales y ambientales, e incentivando nuevas formas de creación de valor compartido y de sociedades sostenibles. Como resultado de integrar la ética desde el corazón de la empresa, es de esperar una competitividad ética, responsable, y sostenible, en la empresa y la economía, a través de:

 

  • Contribuir a mejorar el desarrollo y dignidad de las personas, tanto activa como pasivamente, hacia dentro como fuera de la empresa, influyendo así en la productividad, compromiso y motivación de los empleados y otros agentes colaboradores de la empresa (co-creación por parte de proveedores y clientes),
  • Incentivar el desarrollo, dentro de la empresa, de directivos que tengan a la ética como centro en su acción, optimizando así la relación con sus colaboradores,
  • Diseñar y desarrollar (para empresas de nueva creación o empresas actuales) nuevas estrategias que incorporen necesidades actuales y futuras, y especialmente, vías de negocio con productos/servicios que aboguen y deriven en eficiencia en el uso de recursos y, en definitiva, en sostenibilidad ambiental y social,
  • Mejorar en transparencia, y buen gobierno corporativo, logrando mayores cotas de confiabilidad y optimización de relaciones con los stakeholders
  • Innovar bajo el prisma de la responsabilidad, la ética y la sostenibilidad, creando y desarrollando nuevos y emergentes nichos de mercado,
  • Disminuir riesgos empresariales, mejorando acceso a mercados de financiación, y a relaciones con otros agentes,
  • Mejorar la relación de interdependencia con el medioambiente, en materia de recursos necesarios para la generación de bienes y servicios
  • Y diseñar estrategias de marketing sostenibles, preocupadas por comunicar con veracidad, logrando así una vinculación con los clientes altamente sostenible

MÁS INFORMACIÓN

Fuente: www.uclm.es

El 19,2% de los consejeros del IBEX 35 son mujeres, frente objetivo del 30%

FOTO-Universidad de Malaga

Los consejos de administración de las empresas del IBEX 35 continúan copados por hombres, que ocupan el 80,8 % ciento de los puestos, frente al 19,2 % las mujeres, según un estudio de Womenceo, que recuerda que el Código de Buen Gobierno de la CNMV recomienda que éstas alcancen un peso del 30 % en 2020.

En total, las empresas más importantes de la bolsa española suman 452 consejeros, de las que 87 son mujeres, frente a las 49 de 395 (12,7 %) que había en 2010 y las 69 de 422 (16,8 %) que había en 2014.

Así, si se mantiene la tendencia de que el peso de las mujeres en los máximos órganos de dirección del IBEX 35 se incremente poco más de un punto porcentual al año, el objetivo marcado para 2020 no se cumpliría hasta 2025, según la misma fuente.

Además, España se mantiene alejada de la media de la Unión Europea, donde, según datos de Banco Credit Suisse (basados en el análisis de 3.400 compañías), la presencia de mujeres en los consejos de administración se eleva al 24,4 %, tras incrementarse el un 80 % en los últimos seis años.

El país con más mujeres consejeras es Noruega, con una tasa del 46,7 %, seguido de Francia (34 %), Suecia (33,6 %), Italia (30,8 %), Finlandia (29,2 %), Dinamarca (28,5 %), Bélgica (27,9 %) y Holanda (26,2 %).

De vuelta al selectivo español y con datos de octubre, la compañía con un mayor porcentaje de consejeras es Abertis, con el 46,2 % (seis de trece).

Por detrás se sitúan Merlin Properties, con el 36,4 %; Iberdrola, con el 35, 7 %; Red Eléctrica y Banco Santander, ambos con el 33,3 %; Grifols, con el 30,8 %; y Bankinter, con el 30 %.

Fuente: http://www.efeempresas.com/

Sector privado y ODS: del ‘puede’ al ‘debe’

FOTO-Universidad de Malaga
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible acordados en el seno de Naciones Unidas por 193 Estados miembros son una urgencia constatada en cifras alarmantes. Tantas, que no pueden resumirse en un solo artículo. Baste decir que 836 millones de personas viven en la pobreza extrema, que hoy una de cada cinco personas de las regiones en vías de desarrollo subsiste con menos de 1,25 dólares al día, o que 4.500 niños mueren a diario por carecer de agua potable a la que solo accede un 36% de la población del África subsahariana. Una situación en la que tienen mucho que ver la los derechos humanos (o más bien la falta de) y el ya imparable cambio climático.

Lo acordado en el Plan de Desarrollo Sostenible es ambicioso: en apenas 14 años pretenden «reducir al menos a la mitad la proporción de hombres, mujeres y niños de todas las edades que viven en la pobreza en todas sus dimensiones». La pregunta que muchos se hacen es si son pretensiones utópicas. La hoja de ruta que deben seguir empresas y gobiernos en los próximos 15 años tiene 17 objetivos que se desglosan en 169 metas. El reconocido activista y autor del blog 3.500 millones, ideas irreverentes contra la pobreza, Gonzalo Fanjul, advierte del peligro de que «por su amplitud, se convierta en inoperante».

Cuando desde la ONU aseguran que la hoja de ruta incluye a empresas, no se ciñen al sector público: el privado también tiene una responsabilidad en su consecución. Desde la organización reconocen «su fuerza transformadora, porque estas son las fuentes principales de recursos económicos y participan en la mejora de la calidad de vida de las personas», y añaden: «Todos los sectores productivos y las empresas, sin importar su tamaño, pueden contribuir».

Tal vez el problema esté en el «pueden», como matizan desde la consultora Llorente & Cuenca, que acaba de lanzar su informe Los retos de las empresas frente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. «Los ODS son voluntarios para el sector privado, pero no considerarlos hará que las empresas se queden rezagadas y esto afectará a su reputación y perderán oportunidades de negocio valiosas», asegura la portavoz del estudio, Paola Gómez. «Para contribuir al cumplimiento de estos objetivos el sector privado debe preguntarse qué puede aportar a cada uno de los ODS y definir los compromisos que necesita adquirir», coincide Jaume Corbellá, responsable de Medio Ambiente y Sostenibilidad de Repsol. «Para ello debe identificar qué metas de las especificadas se ven influenciadas por su actividad, fijar sus prioridades y establecer unos indicadores específicos con los que medir sus avances», explica.

Existen herramientas para todo esto. Las organizaciones GlobalReporting Initiative (GRI), The United Nations Global Compact (Pacto Global) y el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) han desarrollado el SDG Compass, un protocolo de actuación para facilitar a las compañías la labor de identificar cuál puede ser su aportación y fomentar que adquieran compromisos y comuniquen sus avances. «Es fundamental entender que según el Pacto Global no todos los ODS son relevantes para todas las empresas, grandes y pequeñas, que pueden contribuir», advierten en Llorente & Cuenca.

«Las empresas de nuestro país presentan un alto grado de sensibilización en materia de desarrollo sostenible», reconoce la directora general de la Red Española del Pacto Mundial de Naciones Unidas, Isabel Garro. «Algunas de ellas son líderes en la redefinición de su estrategia conforme a los parámetros de la Agenda de Desarrollo y lo que pretendemos es que encuentren en la sostenibilidad una oportunidad de negocio». La experta advierte, eso sí, que en España se ha avanzado mucho en los últimos años, pero que aún queda un enorme trabajo por delante. «El sector privado tiene mucho que decir en educación, en innovación, en alianzas, en procedimientos, en tecnología… Es su oportunidad para que, cuando dentro de quince años se haga balance de esta agenda, comprobemos que hemos sido capaces de lograr lo que creíamos imposible», añade Garro.

Aún estamos en los primeros compases y por el momento es plausible la implicación gradual del sector privado, aunque no hay que olvidar que no es el único sector con responsabilidad. «Conseguir su efectiva implementación requiere el compromiso y esfuerzo no solo de los gobiernos, también de la sociedad civil, las empresas privadas y el sector académico», opina Corbellá. «En nuestro caso, participamos, como empresa miembro de IPIECA (Asociación Mundial del Sector del Petróleo y el Gas), en un grupo de trabajo creado específicamente para abordar los impactos potenciales en los ODS de forma conjunta, desde la perspectiva del sector. El grupo tiene por objeto definir conocimiento compartido sobre cuáles son las implicaciones de los ODS para el sector del petróleo y el gas, y cómo nuestra industria puede contribuir más eficazmente a alcanzarlos en distintas partes del mundo», cuenta.

Corbellá no duda: «Los ODS presentan sin duda una agenda muy ambiciosa, pero no inalcanzable». «Cada vez más empresas se muestran concienciadas con el cumplimiento de los ODS y trabajan en pos de un desarrollo local sostenible. Si bien aún es pronto para afirmar la superación de estos objetivos en 2030, los compromisos adquiridos en los últimos arrojan cierto optimismo al respecto», concluye.

Por Luis Meyer

Fuente: http://ethic.es/

Los consejeros de las cotizadas acortan su mandato

FOTO-Universidad de Malaga

La presencia de los vocales en los órganos de administración apenas supera los siete años, aunque varía según la categoría de consejeros.

La Ley de Sociedades de Capital dice que la duración del mandato de los miembros del consejo de administración debe estar determinada por los estatutos sociales de la empresa, sin que en ningún caso supere los cuatro años. Los consejeros podrán ser reelegidos para el cargo, una o varias veces, por periodos de igual duración. Para cumplir esta disposición, las compañías cotizadas han hecho cambios en sus reglamentos y normativas internas, rebajando el periodo de mandato que, en algunos casos, llegaba a los seis años. La antigüedad de los consejeros disminuyó, en promedio en 2015, situándose en 7,3 años, frente a los 8 años de 2014, según los datos recopilados por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) a través de los informes de gobierno corporativo que presentan las sociedades de la Bolsa.

La antigüedad varía en función de la capitalización y de la categoría de consejeros. Así, en las empresas con menos de 500 millones de euros de capitalización, la antigüedad fue de 7,5 años en 2015 (8,1 en 2014), mientras que en el Ibex fue de 7 años (7,8 en 2014). Por categorías, los vocales ejecutivos acumulan mayor antigüedad, con 10,1 años, mientras que en los dominicales es de 7,9 años y en los independientes es de 5 años (6,1 en 2014).

Según los datos de la CNMV, el 50,3% de los consejeros estuvieron en su puesto menos de 5 años (más de cinco puntos porcentuales más); el 13,8% entre 5 y 8 años; y el 35,9% superaba los 8 años.

Nuevos consejeros

En 2015 se nombraron 225 nuevos consejeros (207 en 2014) en 86 empresas, que representan el 17% del total de vocales de la Bolsa (15,4% en 2014). El porcentaje más alto de nombramientos se produjo en el caso de los independientes (52,9%), seguido de los dominicales (35,1%). Al mismo tiempo, se registraron 205 bajas (229 en 2014) en 83 sociedades. Otros 232 fueron reelegidos en 68 compañías.

El Código de Buen Gobierno de las Sociedades Cotizadas recomienda que cuando, ya sea por dimisión o por otro motivo, un consejero cese en su cargo, antes de terminar su mandato explique las razones de su marcha en una carta al resto de miembros del consejo. La mayoría de los estatutos o reglamentos de los consejos de administración recogen las causas de separación y dimisión de los consejeros, entre las que destacan, entre otros, supuestos de incompatibilidad; desaparición de las razones que justificaron su nombramiento; riesgo para los intereses de la entidad; o incumplimiento de las obligaciones inherentes al cargo.

Explicaciones

Las explicaciones más frecuentes de los ceses recogidas en el informe de la Comisión Nacional del Mercado de Valores son los motivos de índole personal y profesional (45,9%). En segundo lugar se encuentran los relacionados con la venta de la participación en la sociedad (15,9%) y la reestructuración del consejo (12,7%), seguidos a más distancia por razones de incompatibilidad (8,9%), operaciones corporativas y fallecimiento o jubilación, con un 4,5% cada una.

En relación con los ceses antes del término de mandato, al igual que en el ejercicio anterior, el porcentaje más alto se produjo en los consejeros dominicales (50,3%), seguido por los independientes (26,1%). En ambos casos, la principal causa para dejar el consejo fueron los motivos personales o profesionales.

Cambios en las categorías de consejeros

La categoría de consejeros que mayor variación experimentó el año pasado fue la de los independientes, a los que la Ley de Sociedades de Capital limita su mandato a doce años. En 2015, 42 compañías modificaron la calificación de 46 consejeros (fueron 43 en 2014). De estas modificaciones, once se realizaron en diez compañías del Ibex. La modificación cuantitativamente más significativa afectó a 17 consejeros independientes: catorce de ellos se recalificaron como otros externos, uno como ejecutivo y dos como dominicales. Seis sociedades (4,4% del total) limitaban el mandato de los independientes a un número de años menor que el establecido legalmente (oscilando entre tres y ocho años). Además, algunas compañías cotizadas también han establecido una edad mínima para que los consejeros ejerzan su mandato como tales. Así, once sociedades (el 8 % de la Bolsa) fijan los 65 años como la edad para la jubilación de sus vocales.

Fuente: http://www.expansion.com/

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies